Dulce Recuerdo

Hace aproximadamente 10 años, María había decidido marchar a Viena para encontrarse con su vieja amiga Elsa, que partió tiempo atrás para intentar encauzar su vida. Elsa había estado enamorada de Manel hasta el punto de sacrificar sus sueños, una parte de su vida y lo más importante, su dignidad.
Elsa se apagaba poco a poco, en soledad, y cada día que transcurría iba sintiéndose presa del recuerdo que causa una despedida desafortunada, pero a pesar de todo, sabía que todos aguardamos esos momentos que nos hacen felices y finalmente tienden a liberarnos.

El motivo del viaje era la inmensa admiración que Elsa le profesaba a su amiga, y la búsqueda que ésta trataba de lograr años atrás: de la felicidad.
Elsa tuvo el valor de decir que no, y abandonar su ciudad para darse una nueva oportunidad. Abandonó a Manel y decidió dedicarse a la pintura consiguiendo una beca para Viena que logró que fuera su pasaporte hacia la libertad. No había tenido hijos (que tantos quebraderos de cabeza le habían causado a María, aunque de cara a los demás siempre habian sido aparentemente dos hijos modélicos)...
Ellas no lo sabían pero tenían el mundo a sus pies.
Años después consiguieron enamorarse y compartir todos esos momentos que trataban de hallar en la literatura, compartieron a su vez confidencias, ganas de superarse y de aprender, y me inspiraron a su vez para escribir esta historia. Elsa y María tuvieron un hueco en mi corazón de donde jamás saldrán
Y es que ya se sabe: " No hay que encontrar la felicidad en los demás, la verdadera inspiración y la capacidad de aprender característica del hombre radica en la importancia del propio autoconocimiento"